"Quisiera ser como un reloj de sol, que solo marca las horas de luz"
Hace no demasiados días se suscitó una controversia en ese agitado “patio” de la política española, sobre el acento andaluz de la ministra de Fomento, la nunca bien ponderada, Dña Magdalena Álvarez.
Me pareció un comentario poco afortunado por parte de quien lo emitió (la Sra. Nebreda), y bastante exagerada la reacción a que dio lugar. Pero al margen de esa polémica, creo que estaremos muchos de acuerdo en que el problema de la ministra en cuanto a su expresión no tiene nada que ver con esa entrañable forma de hablar de los andaluces.
No todo el mundo tiene la obligación de ser un gran orador, pero tratándose de políticos, y por lo tanto de personas con proyección pública y que han de hablar en público, si sería deseable que, al menos, tuvieran un mínimo de capacidad de expresión, es decir que supieran que quieren decir y como decirlo de la mejor manera. Esa necesaria circunstancia, no parece que se de en Dña. Magdalena.
No hay aparición pública de la Ministra de Fomento, que no nos regale una buena colección de perlas una vez que hemos realizado la conveniente traducción simultánea.
En su comparecencia para informar de las causas del morrocotudo caos que se originó con motivo de la, según ella, “intensísima” nevada que cayó en Madrid, además de, como siempre, echar balones fuera en cuanto a responsabilidades y autocríticas, (ésta vez les ha tocado cargar con la “culpa” a los “hombres del tiempo”), nos ha obsequiado con un delicioso trabalenguas, que deberíamos incluir en esos juegos que se suscitan en las sobremesas de las comidas familiares. No me resisto a trascribirlo al pie de la letra:
“Si la borrasca cambió de una forma impredecible, no lo pueden predecir, pero si no lo predicen los que lo tienen que predecir, ¿Cómo piensan Vdes, que lo vamos a predecir quienes esperamos la predicción?. Creo que ha quedado exactamente en su sitio”.
En efecto Dña. Magdalena, todo ha quedado en el sitio que corresponde, ¡es Vd. impagable!, si no existiera habría que inventarla.