"Quisiera ser como un reloj de sol, que solo marca las horas de luz"
Todos tenemos ideología, en unos casos estará más acentuada que en otros, pero todos en mayor o menor medida tenemos ideología. Eso es absolutamente legítimo. El problema viene cuando, la ideología se convierte en sectarismo y nos impide ser ecuánimes en nuestros juicios.
En éstos días hemos asistido a la, en mi opinión, total “pérdida de oremus”, del actor Guillermo Toledo en sus opiniones sobre la muerte y la trayectoria del disidente cubano Orlando Zapata. El Sr. Toledo ha entrado en una espiral de declaraciones que, lejos de arreglar su desaguisado dialéctico del principio, cada vez lo estropea más. Decir que: “En España se violan a diario los derechos humanos” y que “existen cárceles clandestinas para inmigrantes”, creo que ya son manifestaciones que rozan la calumnia, y por tanto pueden ser incluso constitutivas de delito. En este caso la “ideología” ha jugado una mala pasada a D. Guillermo que se ha metido en un jardín cada vez más intrincado.
Ahora también se ha unido a esa, para mi, inexplicable y cerrada defensa de la dictadura cubana, el cantante Miguel Bosé, que, sorprendentemente, además de convertir la presentación de su nuevo disco en una especie de mitin político de ataque al PP, posteriormente equiparó las represiones del régimen cubano a la retirada de unas imágenes del caso Gürtel, censuradas en una exposición de Valencia, hecho que, aunque desde luego es lamentable y criticable, no me parece que se pueda comparar en absoluto al “tinglado” castrista.
Como decía al principio, la ideología mal empleada nos puede llevar a extremos no deseables.
Creo que ya no quedará nadie en este país nuestro que ignore el bochornoso espectáculo que tuvo lugar en la gala que TVE celebró para elegir a la canción que nos representará en Eurovisión. Recordemos que uno de los participantes que “defendía” (es un decir), una infumable cancioncilla de tintes raperos, y que respondía al nombre de “John Cobra”, ante los abucheos y pitidos con que una parte del público “premió” su actuación, perdió absolutamente los papeles y respondió con obscenidades de alto calibre, y con gestos y movimientos obscenos.
Bien, pues a este vergonzoso e intolerable comportamiento, (por el cual la televisión pública ha pedido repetidas veces perdón a la audiencia) han respondido Antena 3 y Tele 5, de forma que añade bochorno al bochorno: la primera ofreciendo a éste deleznable personaje un contrato en exclusiva, y Tele 5 está dispuesta a pagarle entre 30 y 40.000 euros por asistir a su programa “Salvame Deluxe”.
Estupendo mensaje para nuestros jóvenes: Cuanto peor sea tu comportamiento y menos respetes a los demás, más posibilidades tienes de hacerte famoso y hacer “pasta” rápidamente.
He leído con detenimiento las declaraciones del Obispo de Lugo sobre el tremendo asunto de los supuestos abusos a menores cometidos por religiosos en Irlanda, y echo de menos su condena rotunda, indignada y sin matices, ante unos terribles hechos que el mismo Papa ha calificado de “crímenes infames”, que es lo que son.
En cambio monseñor Carrasco Rouco, ha manifestado de forma bastante “ligh” que estos sucesos “deslucen la imagen de la Iglesia”, y que “la naturaleza humana es débil, frágil y tiende al pecado”.
Y para terminar de redondear el argumento expresa que: “es mas difícil para cualquiera conservar con claridad los principios de la moral cristiana, cuando ya está puesta en cuestión por todas partes”.
Lo siento monseñor, pero sus manifestaciones tienden a comprender y disculpar algo tan espantoso y tan poco evangélico por cierto, como es el abuso a menores. Para decir esas cosas, mejor callado.
Al parecer en el mes de Marzo, abandonará la cárcel ese deleznable personaje llamado Luís Roldán, una vez cumplida la condena que se le impuso por aquella cantidad ingente de delitos cometidos durante su paso por las instituciones públicas, donde se enriqueció fraudulentamente, y donde avergonzó con su miserable comportamiento a su Partido, a la Guardia Civil, y a todos los españoles honrados.
Pero lo malo no es que salga a la calle una vez cumplida su condena, lo indignante es que, a excepción del millón y medio de euros que se le han podido confiscar, su “botín” (que se calcula aproximadamente en 10 millones de euros de los de 1993), permanece casi intacto, en paradero desconocido y buen recaudo.
Pienso, (y creo no ser la única en pensar así), que este tipo de delincuentes no deberían abandonar la cárcel hasta que no restituyeran todo lo robado. Si la Ley no lo permite, cámbiese la Ley. Es intolerable que este personaje pueda disfrutar tranquilamente de sus rapiñas, y que parafraseando a Cervantes: “Fuese y no hubo nada”.
Reconozco que oyendo al Sr. Blanco, hablar de “conjuras exteriores”, se me han quitado bastantes años de encima. Hacía tantísimo tiempo que ya no lo recordaba, pero ante esa (bastante infantil), forma de atribuir conspiraciones a los demás para intentar quitar hierro a nuestras propias carencias, algún pequeño resorte de mi memoria se puso en marcha, y me dije: “esto me recuerda algo”, vamos, esa sensación que nuestros vecinos franceses llaman “déjà vu”.
Y vinieron a mi mente aquellos tristes y olvidables tiempos en que se nos hablaba de la famosa “conjura judeo-masónica”, que en realidad no sabíamos muy bien que quería decir, pero que, indiscutiblemente, era algo malo para nuestro país, fraguado por malvadas fuerzas exteriores, que, envidiosas de nuestro buen hacer, intentaban atacarnos de mala manera.
Reconozco Sr. Blanco que la situación es como para poner paranoico a cualquiera, pero deberíamos evitar declaraciones que lo único que conseguirán será que “por ahí fuera”, nos consideren un poco simples.
Érase una vez el Presidente de un país, aquejado de un curioso síndrome llamado “optimismo antropológico” . El Presidente sonreía, sonreía siempre, intentaba complacer a todo el mundo, y no admitía siquiera la posibilidad de que en aquel lugar que él gobernaba nada fuera mal.
Pero ocurrió que un “monstruo exterior” llamado crisis se acercaba peligrosamente, amenazando la estabilidad económica de aquel país. Surgieron voces de alarma, que fueron rápidamente acalladas por el Presidente y los colaboradores que le rodeaban y que apoyaban incondicionalmente cuanto él decía. Esas voces críticas que sugerían la toma de medidas preventivas, fueron tildadas de alarmistas, e incluso de algo tan terrible como “antipatrióticas”.
Los ciudadanos tranquilizados por la actitud de su líder que, apoyado siempre en su sonrisa, les hablaba de que su política conseguiría mas pronto que tarde el pleno empleo, y cuando se suscitaba el espinoso tema de la crisis, expresaba sin rubor que
el país estaba en la “champions ligue” de la economía, y que disfrutaba de una espléndida “musculatura” que le haría resistir cualquier contratiempo exterior, los ciudadanos digo, (aunque no todos), creyeron lo que, por otra parte, preferían creer.
Pero, desgraciadamente, aquel monstruo llamado crisis, (aún más grande y temible de lo que se pensaba), llegó, arrasando la “musculada” economía del poco alertado país, aumentando el paro hasta extremos realmente insoportables y llevando el drama de la penuria a muchas familias. Incluso la falta de aportaciones a la Seguridad Social hizo peligrar las futuras pensiones.
Ante esta, desastrosa situación, que el Gobierno intentaba atajar mediante propuestas que eran rechazadas de plano por la opinión pública, otras formaciones políticas, y los sindicatos, la Oposición mayoritaria, tampoco ofrecía alternativas claras, y parecía tener como única política, que el desgaste producido por el terrible paro, les facilitase el acceso al poder en las próximas elecciones.
Mientras tanto el hastío y la desconfianza en la clase política se iban adueñando de la ciudadanía que veía su futuro y el de sus hijos con temor.
Y colorín colorado, el cuento no acabó sino que continuará y oremos (como hoy está haciendo nuestro Presidente en Washington), para que la situación se arregle pronto, porque si no . . .
Salir al campo a pasear cuando llueve no tiene demasiada buena prensa. Es natural, ya que resulta un poco incómodo, tienes que cargar con el paraguas, te manchas los pies de barro, el perro se pone perdido . . .
Sin embargo, si olvidamos un poco los inconvenientes, “perderse” por los montes de Coca cuando llueve con suavidad, es muy grato: el aire huele deliciosamente, las gotas de agua que penden de las acículas de los pinos parecen pequeñas joyas, las pequeñas plantitas del suelo y los líquenes de los árboles lucen un verde espectacular, y hay una luz suave que lo envuelve todo y le presta un encanto especial, mientras el paseante escucha el apagado sonido de la lluvia, y de vez en cuando el graznido de algún pájaro despistado que busca refugio para no mojarse.
A veces, si hay suerte, un tímido rayo de sol se cuela entre las grises nubes cargadas de lluvia, y allá donde llega, ilumina un árbol, o el pueblo que aparece en lontananza, y lo baña de un extraño resplandor azulado que desaparece con rapidez, casi sin darnos tiempo a captarlo con la cámara.
En fin, otra delicia que podemos disfrutar los que vivimos tan cerca de la Naturaleza. Merece la pena limpiar después nuestras botas de campo o nuestras deportivas, y secar un poco al perro, al que, por cierto, tampoco parece importarle mucho mojarse a cambio de corretear libremente por el monte.
Es este sentido, el del ridículo, una utilísima arma que la Naturaleza nos concede a los humanos. Arma que bien utilizada, (los excesos tampoco son convenientes, ya que nos impedirían expresarnos y manifestarnos con naturalidad), impiden que nos pongamos en evidencia ante los demás.
Viene esta reflexión al caso de que, una vez superada aquella ridícula broma de hacer que Televisión Española fuera representada en Eurovisión, por ese extraño personaje que respondía al curioso nombre de “Chiquilicuatre”, yo creía que nunca más iba a tener que avergonzarme de que el nombre de España se viera ligado al esperpento.
Pero estaba equivocada: El afán de conseguir audiencia a cualquier precio, está llevando de nuevo a una cadena televisiva, a organizar una mamarrachada de aún mayor calado, nada menos que intentar llevar a Eurovisión a Karmele Marchante, peculiar periodista del corazón, cuyo único mérito musical radica en tener absolutamente atrofiado el antes mencionado sentido del ridículo.
Yo confio en que Televisión Española impida que semejante desatino progrese, y aunque la estupidez de algunos televidentes logre que esta señora sea votada, establezca unas normas que protejan de alguna forma la dignidad de la representación musical española.
Señores, hacer el ridículo, y menos “por ahí fuera”, lo menos posible.
Así me quedé literalmente, mientras escuchaba las lamentables, desacertadas, y me atrevería a decir que indignantes, declaraciones de Monseñor Munilla en una entrevista radiofónica, al referirse a la espantosa tragedia que asola Haití. Recordemos, por si alguien a estas alturas aún no las ha escuchado, que el recién investido Obispo de San Sebastián, se descolgó diciendo lo siguiente:
"Existen males mayores que los que esos pobres de Haití están sufriendo estos días", "También deberíamos llorar por nosotros, por nuestra pobre situación espiritual, por nuestra concepción materialista de vida", ha remachado. "Quizás es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes también están sufriendo".
Debo confesar que en la polémica suscitada por su nombramiento, y debido al poco entusiasmo que en mi despiertan los nacionalismos, miré su figura con simpatía, ante el “boicot” que le hicieron bastantes sacerdotes de la diócesis de San Sebastián, y consideré que todas las críticas hacia él, estaban únicamente basadas en el simple hecho de no compartir las tesis nacionalistas, pero después de escuchar sus extrañas teorías sobre los “males” que aquejan a unos y a otros, verdaderamente me he quedado “planchada”.
Sus explicaciones posteriores, basándose en que “dio una respuesta teológica a una pregunta teológica”, no me han convencido en absoluto, sigo pensando que son declaraciones totalmente desafortunadas y fuera de la realidad, además de una torpeza absoluta.
Yo soy creyente y practicante, pero ante una tragedia así, no estamos para teologías Monseñor.
Hace unos meses, todos los ciudadanos (excepto aquellos a quienes cualquier cosa que diga alguien de su partido le parece estupendo), nos quedamos con la boca abierta por el asombro que nos produjeron aquellas manifestaciones de Leire Pajín, en las que nos alertaba sobre algo así como “una conjunción planetaria”: la coincidencia de Obama y Zapatero, el uno por su Presidencia del país más poderoso del mundo (por elección), y el otro por su Presidencia (rotatoria) en la Unión Europea, ya que según ella nuestro Presidente podría poco menos que marcar el rumbo de cómo salir de la crisis económica. La cosa quedó entonces como producto de un entusiasta acaloramiento mezclado con un tierno “peloteo” al jefe.
El tiempo ha pasado, no parece que España pueda dar lecciones a nadie de cómo salir de este terrible atolladero económico y cuando apenas han transcurrido unos pocos días de nuestra Presidencia en la UE, el Ministerio de Economía alemán ha rechazado de forma contundente la primera propuesta española de fijar objetivos de política económica y aplicar sanciones a los países que no la cumplan.
Es decir, que ésta “gente europea”, no escucharon a Dña Leire, y no parecen muy convencidos de que estamos asistiendo a la famosa “conjunción planetaria”. Ya se que estos son avatares políticos, y esperemos que estos meses sean más “brillantes”, pero el comienzo ha sido un poco deslucido.