3.-Sin dudarlo ni un segundo le dije - Acompáñame, yo te llevaré al mejor lugar-. Comenzamos a caminar en silencio. Primero me centré en el retumbar de mis pasos, luego en la música de la naturaleza y de pronto empecé a disfrutar de ese silencio. Me sentía muy bien con su compañía. Era un chico tranquilo y alegre. Balanceaba sus brazos con energía y despreocupación siguiendo el ritmo de sus pasos. Me dí cuenta que aprendería mucho de él.
2. -Cualquier rincón de esta ciudad es ideal para tocar el violín, pero si tuviese que elegir sería El Acueducto, allí bajo su sombra-. Así fue como nos conocimos Miguel y yo.
El me contó su vida, su triste historia, su peregrinar por la vida. Yo le conté la mía, mis desengaños y mis ilusiones. Desde entonces seguimos juntos. El tocando su violín bajo El Acueducto y yo acompañándole para oirle tocar. Han pasado muchos años, el ya no está, pero sigo acordándome de él y de su violín.
1. Me quedé observándole muy atenta y pensativa. No sabía que pretendía aquel muchacho, pero en sus ojos sólo puede encontrar gran ilusión y entusiasmo por su música. Le dije -Primero enséñame como lo haces-. Muy tímidamente sacó el instrumento de su funda y comenzó a crear una peciosa melodía. Me quedé innotizada, nunca había oído nada igual...
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